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ToggleEstá claro que hay personas más de sur y otras más de norte. Yo soy de norte. Disfruto del sur, sí… pero el norte me gana por el color, el olor, el frescor. Y lugares como El Caletón en La Matanza de Acentejo lo explican sin necesidad de palabras.
En Canarias hay islas más verdes y otras más áridas, y todas tienen mil encantos únicos. Tenerife, sin embargo, lo tiene todo. Un norte intenso, vivo, con una de las mayores concentraciones de endemismos de Europa, entre una Reserva de la Biosfera y un Parque Nacional. Y un sur que es sol, verano y playas durante todo el año.
Hoy nos vamos al norte. A uno de esos rincones que no se explican, se sienten: El Caletón en La Matanza de Acentejo, también conocido como Casas de Calderón.
Una visita inesperada al Caletón
Podría decirte que íbamos con todo planificado, con esa seguridad de quien sabe a dónde va. Pero la verdad… es que no teníamos nada claro. Casi nunca lo tenemos.
Y es que cuando tiras rumbo al norte, cualquier lugar promete. La táctica es sencilla: no buscar demasiado… porque el destino acaba encontrándote. Y así fue. El Caletón apareció sin aviso. Estaba en nuestra lista mental de “algún día”… pero no era para hoy. O eso creíamos.
La carretera empezó a descender poco a poco, como si te fuera acercando sin hacer ruido. El paisaje cambiaba, el aire se volvía más húmedo, más fresco… más norte. Y de pronto, entre curvas y miradas al horizonte, apareció el mar.
No hubo grandes señales, ni falta que hacía. Solo esa sensación de estar llegando a un sitio que no necesita presentación. Aparcamos casi sin pensarlo, como quien sigue una intuición.
Y al bajar, lo entendimos. Ese silencio, el sonido constante del océano y esa calma que parece quedarse suspendida en el tiempo. Ya no había duda: habíamos llegado.
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La Matanza de Acentejo un nombre con historia
El nombre de La Matanza de Acentejo no es casual. Hace referencia a los hechos ocurridos en 1494, en plena resistencia guanche frente a la conquista.
La historia de siempre, pero no por eso menos importante: lucha, territorio, libertad, identidad.
Y con ese peso histórico a la espalda, fuimos descendiendo por la carretera que lleva al mar. Sin prisa. Porque aquí, correr… sería un error.
A un lado, el Atlántico.
Al otro, el valle del norte.
Y vigilando, como siempre, El Teide. 👉 Parque Nacional del Teide
El atardecer lo iba envolviendo todo con esa luz que no se puede explicar… solo mirar.
El Caletón: un barrio marinero con alma
El Caletón es, en esencia, una lengua de lava que se adentra en el Atlántico formando una pequeña cala. Un refugio natural donde el mar entra con carácter… pero también con calma.
Las casas —muchas excavadas en la roca volcánica— se agrupan casi tocando el agua. Antiguamente eran viviendas de pescadores. Hoy conviven con pequeñas casas, apartamentos y visitantes que buscan algo distinto.
Aquí no hay postureo.
Aquí hay verdad.
Una pequeña playa, charcos naturales y un muelle
En el lugar te encuentras con un aparcamiento para unas cincuenta plazas, y hasta El Caletón no llega ninguna línea de transporte público. En Las Casas de Calderón hay un pequeño muelle y una playa de arena negra y callao de unos 60 metros, con zona de fondeo para embarcaciones.
Pero lo que realmente enamora son los charcos naturales. Dispersos a orillas de la cala, aparecen como si la lava los hubiera dejado a propósito: pequeñas oquedades que hoy funcionan como piscinas naturales, de aguas claras y tranquilas, una auténtica delicia.
También se observa que muchas de las casas presentan un estado algo deteriorado. El salitre del océano no perdona y termina castigando cualquier material con el paso del tiempo. Sin embargo, la situación va más allá del desgaste natural.
Muchos propietarios, aun queriendo conservar sus viviendas, se encuentran con la negativa de Costas a conceder licencias de obra menor. El Caletón, como tantos barrios marineros, tiene construcciones situadas en la línea de deslinde marítimo-terrestre. Algunas de estas edificaciones están destinadas a desaparecer por ley, pero lo más complejo es que incluso otras que sí cumplen la normativa también se ven afectadas por estas restricciones.



El Caletón: entre la Ley de Costas y la protección del entorno
No todo es idílico en este rincón del norte de Tenerife. Detrás de su belleza hay una realidad compleja que forma parte de su identidad.
Por el lado del mar, la Ley de Costas española regula la protección, uso y delimitación del dominio público marítimo-terrestre, especialmente la ribera del mar. Es la encargada de establecer hasta dónde llega lo público y dónde comienzan las edificaciones privadas, protegiendo un espacio que, en esencia, es de todos.
Por el lado de la tierra, entra en juego el borrador del plan especial del paisaje protegido de las costas de Acentejo, cuyo objetivo es preservar el entorno natural y ordenar su uso.
Entre ambas normativas, El Caletón se encuentra en un punto delicado. Algunas construcciones situadas en la línea de deslinde están destinadas a desaparecer, mientras que otras, aun cumpliendo, se ven afectadas por restricciones que dificultan su mantenimiento.
El objetivo es claro: proteger las especies endémicas, conservar el paisaje y garantizar el acceso al baño y al disfrute de este espacio único.
Pero en medio de todo ello, El Caletón sigue viviendo en ese equilibrio frágil entre la conservación del entorno y la vida de quienes lo habitan.



El Caletón: un lugar turístico con alma tranquila
Paseamos por un entramado de senderos que serpentean entre las casas, aferradas a ese pequeño saliente que se adentra en el mar. Los pasadizos están limpios como una patena, y en cualquier rincón aparece un jardín cuidado, casi escondido, como si cada vecino dejara su pequeña huella.
Se ven algunos apartamentos y algún que otro turista, aunque en aquellos tiempos el turismo había bajado notablemente. La vida aquí la marcan los vecinos y quienes regresan una y otra vez, sin prisas, sin aglomeraciones, disfrutando de una plácida tarde de primavera con aroma a verano.
El paseo continúa entre ese silencio que solo rompe el mar.
Algunas barcas descansan en el embarcadero. El agua entra suave en la cala, sin imponerse. Hay servicios, vestuarios… incluso un pequeño chiringuito donde sentarte a tomar algo frente al océano.
Aquí no hay ruido.
No hay prisa.
Solo vida.






El Caletón: un amor entre el Atlántico y La Matanza de Acentejo
Algunas barcas pequeñas descansan en el embarcadero, mientras en el entrante el mar llega sereno a romper en la orilla, dejando al descubierto los callaos. Hay servicios abiertos al público, incluso vestuarios, y la información visible para quienes visitan el lugar. No falta un pequeño chiringuito, con su terraza en primera línea de mar, donde una cerveza fresca sabe diferente.
Y entonces entiendes algo.
Que una vez más, sin planearlo demasiado… has encallado en un buen puerto.
Visitarlasislascanarias.com nació con ese propósito: descubrir y redescubrir rincones de estas islas desde una mirada poco programada, más libre, más sentida. Y hoy, El Caletón nos ha regalado justo eso: una tarde tranquila, un paseo sin prisa, un instante que se queda.
Porque El Caletón no es una postal perfecta.
Es algo mejor.
Es un rincón donde el Atlántico y La Matanza de Acentejo se entienden. Donde el norte se muestra tal como es: crudo, hermoso y lleno de carácter.
Y quizá por eso… engancha tanto.

